Por qué existe.
Hace más de 10 años escribo software para sistemas que no se pueden caer. Lugares donde un error a las 3 AM cuesta caro y no avisa.
Fraude en Mercado Libre. 140 mil dispositivos en Pixart. Infraestructura mobile en Telecom. Cada día millones de personas usan lo que escribimos sin saber que existe — y eso es el indicador de que está bien hecho.
Hoy la AI es parte del trabajo diario. Pero algo me hacía ruido — cada prompt viajaba a un servidor remoto, cada mes una factura distinta, cada release de un proveedor cambiaba el comportamiento del modelo. No era mío. Era prestado.
Quería algo que estuviera ahí cuando lo necesitara. Sin servidores, sin claves de API, sin paywalls. Algo entrenado a mi gusto, con mi forma de razonar, que no me hablara como vendedor.
Cata tiene 6 y arma mundos enteros en el living antes de cenar. Olivia tiene un mes y medio y casi no pesa. Eso es lo principal. Mate lo armé en los ratos que sobran — noches, fines de semana, lo que viene después de ellas. 10 mil ejemplos curados — código, herramientas, razonamiento — entrenados sobre un modelo open-source de 27B parámetros, cuantizado para que entre en una RTX 3090.
El nombre vino último. Buscaba algo que sonara a compañía silenciosa. A algo que está, sin pedirte permiso.
Mate.